El consumo de energía es uno de los principales indicadores del progreso y bienestar de una sociedad, el concepto de crisis energética aparece cuando las fuentes de energía de las que se abastece esta sociedad se agotan. Un modelo económico como el actual, cuyo funcionamiento depende de un continuo crecimiento, exige también una demanda igualmente creciente de energía. Puesto que las fuentes de energía convencional son finitas, es inevitable que en un determinado momento la demanda no pueda ser abastecida y todo el sistema colapse.
Por lo anteriormente expuesto es que surge el concepto del modelo de Desarrollo Sostenible, en el cual la Comunidad Europea y España están comprometidas y que se basa en las siguientes premisas:
• El uso de fuentes de energía renovable, ya que las fuentes fósiles actualmente explotadas terminarán agotándose, según los pronósticos, en el transcurso de este siglo XXI.
• El uso de fuentes limpias, abandonando los procesos de combustión convencionales y la fisión nuclear, causantes de serios efectos contaminantes, aumento de gases invernadero y perforación de la capa de ozono.
• La explotación de las fuentes de energía proponiéndose como alternativa el fomento del autoconsumo, que evite en la medida de lo posible la construcción de grandes infraestructuras de generación y distribución de energía eléctrica.
• La disminución de la demanda energética mediante la mejora del rendimiento de los dispositivos eléctricos existentes (electrodomésticos, lámparas, etc.).
• La reducción o eliminación del consumo energético innecesario, es decir, desarrollar una conciencia y una cultura de ahorro de energía y condena al despilfarro.
La producción de energías limpias, alternativas y renovables no es por tanto solamente una cultura o un intento de mejorar el medio ambiente, sino una necesidad a la que el ser humano se va a ver abocado, independientemente de nuestra opinión, gustos o creencias.
